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cadena perpetua

Vuelvo a las andadas para decirte que te tengo superado. Que cada vez que pienso en volvernos a encontrar, algo dentro de mi saca las fuerzas necesarias para enfrentarme a ello. No sé, es dificil de explicar. Han pasado días, semanas e incluso meses desde entonces, y fueron infiernos capitales. No sabes lo que ha sido pasar por todo eso: fue entonces cuando entendí que tanto el hacer como el no hacer tienen la misma repercusión. Que la misma inacción puede conllevar más movimiento del que se piensa. Porque el problema viene cuando esperas, que después de tres putos años y medio de mi vida desperdiciados contigo, tengas un mínimo de decencia, educación o respeto. Que viste aquella tarde en la que decidiste desquebrajarme en mil pedazos que no iba a poder sola. Se me venía el mundo encima, volvía a mi soledad, llevándote toda mi autoestima por delante. Porque si algo he aprendido en este tiempo es que lo que yo misma odié durante tantos años, como es mi cuerpo, puede volver a quererse con cuatro caricias y un par de besos. Pero no ocurre lo mismo con las personas, por suerte o por desgracia.

Yo ya te he superado, me repito. Pensé que nunca lo haría, que seguiría hundida y pendiente de cada movimiento tuyo, enredada en las webs que hablan de ti y tu día a día. Todos sabemos que lo que muestran, rara vez se aproxima a la realidad. Que siempre se quiere mostrar una vida que no se tiene, pero joder, tú no eres de esos, sé que cuando estás bien es porque lo estás. Y así era, pero tu mirada en la cafetería no decía lo mismo. Parecía incluso lástima, o que estuvieras incómodo por tenerme delante. Fue hace dos dias y ya tengo el recuerdo difuso.
No has cambiado. Sigues siendo igual de violento. Con la conversación que tuvimos anoche me quedó claro: volver contigo sería volver a cometer los mismos errores. He estado ilusionada en volver a verte, han renacido en mi las ganas de hablar, esa naturalidad que vivía antes de conocerte. Desprendo felicidad, dicen. Me enfrenté a ti con un café entre las manos y solo era capaz de sonreir. No de enamoramiento, sino de nostalgia, de verte, tenerte, conversar de nuevo contigo. Porque ya no hay dramas, ni odios ni desprecio por mi parte. Supe canalizar todos esos sentimientos hacia un mejor lugar y ahora, maduradas las cosas ya, sé que hice mal y por ello me siento responsable. No quiero distanciarme porque la deuda que tengo pendiente contigo es mayor que la de los bancos europeos. He cambiado aunque no lo creas, aunque sigas viendo el odio entre las líneas que te escribo. Limítate a escuchar mi voz, preocúpate en entender mi resurgir. Que he entendido todo tu sufrimiento, sin descartar ni olvidar el calvario que tú también mi hiciste pasar. Debes saber que caería entre tus manos mil veces más porque siempre serás mi primer amor, con todo lo que conlleva: sexo, peleas, reconciliaciones y distanciamiento. Quiero follarte mil veces más para recordar por un momento lo que era quererse, así mismo y a nosotros.
 
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